María Belén Morales - Eliseo Izquierdo
  

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maría belén morales

  • Eliseo Izquierdo
    Crítico de arte, Secretario de la Real Academia Canaria de Bellas Artes

    "Compromiso y voluntad artística"

    (En el catálogo María Belén Morales, editado por Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Real Academia de Bellas Artes y Círculo de Bellas Artes, con motivo de su exposición de ingreso como miembro de número en la Real Academia de Bellas Artes, celebrada en el Círculo de Bellas Artes, 1998).

    De la obra escultórica de María Belén siempre me atrajo especialmente, aunque no únicamente, su aerodinamicidad. Me fascinaban los artilugios de metal bien ensamblado y pulido, como bruñidos por el roce de las miradas sucesivas, la presteza con que nos catapultaban, raudos, imparables, hasta la órbita infinita de la imaginación. Aquellos mecanismos inútiles como tales nos situaban directamente, sin embargo, en el ámbito inmenso de las nuevas formas espaciales, tan copiosas en sugestiones plásticas. La fría apariencia de la máquina nos transmitía, no obstante, el roce cálido de la fricción de la mirada deslizándose por las texturas ricas en matices.

    Lo realmente hermoso es que los ingenios de María Belén Morales nunca existieron para quebrar el aire con su vuelo ni para dejar un rastro sordo mientras horadaban el viento. Eran, son, criaturas suyas, imágenes inventadas, pura fabulación que aspira -y lo consigue- provocar sensaciones limpias, desnudas, de potencia, de energía, en su novísima expresión, con el lenguaje más actual.

    María Belén siempre estuvo donde quería y sabía que tenía que estar. En una ocasión me lo confesó, acaso sin quererlo con tanta radicalidad: A veces -me dijo-, no sin algún disgusto. Pero yo creía en esto -lo recalcaba con el énfasis del conocimiento- y ni retrocedí ni claudiqué. Mantener una postura así treinta años atrás, siendo quien la sostenía una mujer y en un país como el de entonces, no era pequeña osadía. Hacía falta, además de convicción, valor.

    Cuando se produce la eclosión de Nuestro Arte, a comienzos de la década de los sesenta, María Belén está entre el pequeño grupo de artistas que dio la cara sin pestañear. Nuestro Arte es la primera gran bocanada de aire fresco que revitaliza el arte canario y lo saca del marasmo en que se encontraba desde hacía un cuarto de siglo, desde que la guerra civil se llevó por delante, con tantas otras cosas, la espléndida siembra, que empezaba a cuajar, de la generación de Gaceta de Arte.

    Estos días se habla de Nuestro Arte, treinta años después de que sus fundadores dieran por culminada la empresa. Fue un movimiento subversivo, no sólo en el plano estético. El arte ha ido en Canarias, tradicionalmente, a la zaga. Son contados los momentos en que las islas logran colocarse en posiciones de vanguardia. Una de ellas se produce en el siglo XVIII, cuando penetran el espíritu de la Ilustración y el neoclasicismo. Otra, en el segundo tercio del siglo XX, con la entrada de las vanguardias europeas Y el espíritu racionalista, de la mano de los impulsores de Gaceta de Arte. La tercera, a principio de los sesenta, casi simultáneamente en las dos provincias canarias (recuérdese el grupo Espacio, en Las Palmas de Gran Canaria), aunque con persistencia y eficacia incuestionable en Tenerife, con Nuestro Arte. Lo significativo Y lo que merece ser destacado es que los artistas punteros entonces siguen siendo hoy referente del arte actual en las islas. Entre estos artistas que continúan siendo contemporáneos, que han logrado mantenerse en la cresta de la ola del arte renovándose aunque sin perder el hilo de la rica y enriquecedora aventura que ha ido quedando atrás, encontramos a María Belén.

    Entre la obra fruto del aprendizaje con su pariente el escultor Cejas Zaldívar y la actual hay un larga y fecunda andadura, que en los años sesenta toma un rumbo claro que nuestra artista ha mantenido desde entonces: una idea de la escultura superadora de las formas iconográficas tradicionales, la afirmación progresiva de un lenguaje plástico que ha desembocado en un geometrismo constructivista muy depurado, la experimentación de nuevos materiales y, últimamente, el color, que acentúa a la vez el carácter autónomo y la interrelación de los elementos que conforman sus creaciones, movibles, más recientes.

    Con su ingreso en la Real Academia Canaria de Bellas Artes, María Belén Morales ve reconocida la perseverancia de su compromiso, su voluntad de hacer del arte camino sin pausa ni fatiga, también su contribución a que el arte canario de posguerra, estancado en manifestaciones conservadoras, se oxigenara y tomara de nuevo el rumbo que había perdido.

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