María Belén Morales - Fernando Martín
  

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maría belén morales

  • Fernando Martín
    Profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla

    "La expresión razonada de María Belén Morales"
    (Del catálogo María Belén Morales, exposición en la Galería de Arte Viana, Córdoba, 11/30 Junio 1993)

    Uno de los rasgos más definitorios de la década de los ochenta es el impulso y el protagonismo alcanzado por la escultura en España. Entre los resultados más positivos de este fenómeno podemos considerar el hecho de haber servido de replanteamiento acerca de un género que hasta el momento era patrimonio de un círculo restringido, recibiendo a partir de ahora una mayor atención. Si bien podría pensarse en un principio que esto haría referencia sólo a las generaciones más nuevas, en una reflexión atenta hay que hacerlo extensivo a otros creadores que venían efectuando una importante labor desde tiempo atrás, inscritos dentro de la modernidad.

    Buen ejemplo de lo expuesto se aprecia en el núcleo de escultores canarios que, contando con nombres como los de Martín Chirino, José Abad o Tony Gallardo, por sólo citar los más reconocidos, disfruta de una tradición singular. No sabemos si esto tendría una relación directa con lo que consideramos un hito trascendente de la cultura como fue la I Exposición Internacional de Escultura en la Calle, celebrada en Santa Cruz de Tenerife entre diciembre de 1973 y enero de 1974. Lo que sí podemos afirmar es que dicho evento es un referente indudable en el estímulo que supone para cualquier escultor canario el sentirse acompañado por tan relevante antecedente.

    Este ambiente someramente descrito es el escenario en el que se viene desarrollando la ejemplar actividad de la figura que nos ocupa, desde 1949 en que dio a conocer de forma colectiva su obra. María Belén Morales siempre ha estado presente en aquellas actividades y representaciones importantes de la cultura canaria contemporánea, siendo en este sentido, como muy bien nos recuerda su paisano el profesor Jesús Hernández Perera, «insustituible y entrañable». Esta apreciación no debe interpretarse como el fácil elogio propio de una presentación convencional: antes al contrario, su actuación como concejal del Area de Cultura del Ayuntamiento tinerfeño, o su actual cargo de presidenta de la Fundación Oscar Domínguez en Tacoronte -para la cual ha llevado a cabo el proyecto del Minotauro del gran autor surrealista- así lo ratifican.

    Aunque la obra aquí reunida corresponde únicamente a su última producción, la larga trayectoria de María Belén posee la virtud de ofrecer una constante experimentación, coincidente con la evolución que se da en la escultura contemporánea a través de sus diversas fases. Este sentido progresivo se refleja no sólo formal y estilísticamente, sino a la par en la investigación de distintos materiales y técnicas. Así pues, si adoptamos la usual metodología historiográfica de división por períodos, nos encontramos con tres momentos contrastados que van de la figuración a la actual «construcción geométrica», pasando por una «abstracción simbólica» intermedia. Cada uno de ellos supone un paso significativo en el discurso conceptual y poético de su escultura, en el que intervienen influencias tan fecundas como las de Barbara Hepworth, Henry Moore o Jean Arp, sobre todo en sus comienzos, para irse decantando paulatinamente hacia su propio lenguaje. Hasta lograr esta personal vía de expresión, María Belén ha demostrado una especial capacidad para trabajar con los más variados materiales, aplicándolos siempre de la manera más adecuada a su idea, coincidiendo oportunamente con los procesos escultóricos: modelado (barro) - esculpido (piedra y talla en madera) - construcción (aluminio, hierro). Si en un principio parece mostrar preferencia por la figura exenta, en su posterior elección de lo que hemos denominado «abstracción simbólica» será el relieve lo que tome mayor protagonismo, con la introducción de madera tallada y pulida, en composiciones tendentes a la horizontalidad y a las formas asiluetadas. En cambio, lo constructivo y lo geométrico presiden su obra actual. Lo primero por haber nacido desde una voluntad ajena a la tradición, tanto en su carácter de modelado como esculpido; en segundo término, porque es la forma geométrica el elemento a partir del cual crea su propuesta compositiva y visual.

    Esta exposición nos presenta una muestra excelente de su quehacer, siendo variada en su contenido, a través de sus «collages», esculturas y múltiples, que resumen de un modo particular toda una trayectoria. Las piezas que podemos contemplar aquí, han sido realizadas ex profeso para esta ocasión, habiéndose trasladado la artista a Córdoba para tal fin, y constituyendo por tanto una auténtica primicia.

    María Belén se distingue por la coherencia de sus planteamientos, materializándolos en una tarea de síntesis y simplificación por encima de lo anecdótico, como fruto de una reflexión seria y de una elaboración de bocetos y apuntes que servirán de estudio y maduración para sus objetivos.

    Escultura

    Como consecuencia de su completa formación y su constante indagación, el modo de trabajo que emplea en sus esculturas tiene un origen artesanal partiendo, como hemos dicho, de bocetos, que en este caso son pequeñas maquetas de yeso, para después, y haciendo uso de los avances técnicos propios del progreso industrial, pasar a la fundición en hierro.

    Es interesante advertir que es en el año 1986, coincidiendo con una nueva exposición en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, cuando se comprueba por primera vez un cambio sustancial en sus modelos plásticos. Así pues, el uso de la curva, las figuras voluminosas de apariencias biomórficas, ceden el paso a construcciones de marcados perfiles conformados por la unión de piezas metálicas. Esta singladura creativa, cuyo carácter dominante es el geometrismo, se puede ver como una suerte de racionalismo en contraposición a sus etapas anteriores, en un continuo ejercicio de depuración de las formas que sucesivamente se van despojando de masa.

    Sus esculturas poseen como denominador común una clara tendencia a la expansión, partiendo de un punto de apoyo de dimensiones reducidas, y desafiando así en su desarrollo ascendente las leyes del equilibrio. Obras todas que ofrecen una pluralidad de puntos de vista, posibilitando diferentes lecturas según la posición que se adopte frente a ellas y a la incidencia de la luz sobre los distintos planos. Ello se ve enfatizado por el empleo cromático de superficies lacadas, que con uniformidad son pintadas, diríase con cierto sentido simbólico: azul profundo o atlántico, gamas primarias y brillantes como el rojo o amarillo en su calidad vital y lumínica.

    Frente a esculturas de varios módulos conjugados, otras por el contrario se configuran como estructuras simples y desarrolladas sobre sí mismas, pero en cualquier caso cabe señalar la sugerencia de movimiento e inestabilidad, que aparecen como constantes. En ellas se evita conscientemente el volumen compacto y cerrado a favor de una más clara relación con el espacio aéreo, en la habitual dialéctica activa de vacíos y llenos. De tal manera realiza una escultura construida, abierta, de planos, de superficies geométricas amplias que adoptan formas angulosas, existiendo una vocación hacia lo vertical, hacia el crecimiento, a la vez que las líneas compositivas aparecen enfrentadas y asimétricas.

    Siguiendo una secuencia investigadora, comprobamos cómo la tendencia a oponer perfiles, que ya se encontraba en obras de etapas anteriores, ahora se acentúa en una decidida preferencia por la disposición de planos diversificados, descargándose aún más de materia la escultura, que adquiere un aspecto próximo a láminas plegadas. Ello se hace particularmente original en la hermosa pieza -la más monumental de todo el conjunto- que sin olvidar el concepto estético que anima toda esta producción tridimensional, alcanza en su formulación plástica categoría de obra maestra. En efecto, en ella podemos apreciar un cúmulo de hallazgos verdaderamente notables que afectan tanto a su plasticidad como al tratamiento que se le ha dado. Hay en ella una intencionalidad nueva, por cuanto no es el volumen lo que se apropia del espacio, siguiendo la pauta y definición canónica de la escultura, sino que se invita al espectador a introducirse con la mirada en las oquedades generadas por paramentos metálicos verticales. Otra de las singularidades que la hacen atractiva radica en el hecho de haber querido conservar el color natural del hierro en su proceso de elaboración, que ha ido adquiriendo sus marcas de óxido, confiriéndole una calidez matérica.

    Si el ideal estético de la escultura parece residir en lo que se ha dado en llamar «armonía», la obra de María Belén posee una belleza especial por sus atributos de sencillez, pureza y cohesión formal.

    Collages

    Sin duda alguna, una de sus facetas creativas más afortunadas es la de los «collages», grupos de obras en papel expresadas a través de series de variado formato. Descubrimos con ellos cómo el concepto de «collage» es plural, puesto que no existe en este caso el azar en el sentido dadaísta a lo Schwitters en su práctica de incluir fragmentos encontrados, antes al contrario lo que efectúa esta escultora son obras sumamente pensadas, siendo el resultado de un proceso de minuciosa elaboración.

    Estas piezas, al mismo tiempo, se enmarcan dentro de un concepto unitario que engloba a la escultura y a los dibujos con un común sentido de plasticidad, aprovechando siempre los materiales según su aportación cromática y textural, además de plasmar esmeradamente las características de la obra tridimensional -luz, sombra, volumen- que se traducen al papel casi literalmente. Se produce en este sentido una interconexión o reciprocidad entre el procedimiento de papeles pegados y superpuestos, que simulan planchas metálicas, y las esculturas, cuyos planos adquieren combinaciones comparables con las técnicas de papiroflexia.

    Consideramos válido detenernos en el análisis del proceso mencionado, ya que sus resultados son sumamente sugestivos. El tratamiento técnico se basa en la utilización de distintos materiales, tales como el papel Canson, el hecho a mano y la cartulina, cuya compaginación hace que se potencien las calidades matéricas. Así, el fondo aterciopelado de los materiales escogidos lo resalta el sabio uso del pastel y el carboncillo, logrando ricas y sensuales percepciones táctiles; las texturas de sus superficies, a veces lisas, otras rugosas, se muestran con auténtico esplendor y exquisitez visual. Algunos de estos recursos, como la aparición del óxido, un óxido no definido, sirve de efecto lumínico para crear sombras y contrastarlas. Esto proporciona una apariencia metálica con texturas más visibles en los dibujos y «collages» que en la propia escultura, que en muchas ocasiones se enmascara, como se ha dicho, de un color homogéneo.
    La composición de estos hermosos «collages» viene marcada por la diagonal que en forma de bandas rojas, y por la corporeidad que este mismo color confiere, crean en su superposición una dimensión volumétrica a la manera de sutiles relieves ilusionistas encerrados en el interior de cajas imaginarias. El conjunto sirve para demostrar la innata mentalidad escultórica de María Belén y su sólido sentido de la espacialidad, al saber sintetizar y plasmar asombrosamente los desarrollos tridimensionales en el plano, como se puede apreciar en el soberbio tríptico aquí presentado, en el que destaca además la cuidadosa y acertada elección de colores.

    Esculturas dibujadas

    Profundizando en la idea de agrupación de obras en series o trípticos, es notoria la inventiva derrochada en lo que nos ha sugerido el posible título de Bisagras. Estos dibujos perfeccionistas -en los que también se ha aplicado el «collage» pero de forma más imperceptible- podrían servir de bocetos de esculturas si no fuera porque se encuentran flotando en un espacio indefinido, como si fueran fragmentos o detalles. El dominio del pastel se manifiesta aquí de modo prodigioso por los conseguidos efectos metálicos, en tonos azules, grises o plateados, que diseñan curvas y biseles hiperrealistas, aunque sus formas se hallan en el terreno del ilusionismo.

    Con análogo espíritu se encuentra también lo que podríamos llamar «obra seriada», no entendida como repetición de un mismo asunto, sino como variación a partir de unos elementos que sirven de base para una mayor exploración plástica en el terreno del virtuosismo del dibujo. Nos referimos al grupo de perfiles monocromáticos caracterizados por un nuevo análisis de geometrización, en los que el contorno es exhaustivamente tratado, con el especial cuidado que identifica toda la obra de María Belén. En este conjunto ese sentido antes descrito de papiroflexia o repertorio de dobleces, diríase efectuado con el rigor de un tiralíneas, aparece en su más auténtica versión, aunque sus bordes presentan ligeras redondeces que añaden a estas piezas cierta maleabilidad.

    La frialdad que podría derivarse del geometrismo se ve neutralizada por la elegancia y la sensibilidad a la hora de matizar los volúmenes, o al introducir elementos asimétricos, desplazados y rupturas diagonales, así como por la calidad de ejecución.

    Metáforas de paisajes

    Como apelando al género tradicional del paisaje desde una óptica subjetiva, María Belén Morales proyecta una metáfora visual de las líneas compositivas que la propia naturaleza ofrece, para reducirlas al máximo. En esta conceptualización de «paisajes construidos» sabe recoger la esencia que le es propia en sus características de horizontalidad o sentido panorámico. Se observa en ellos una sobriedad extrema, que viene acompañada por una opacidad cromática de predominio de tonos oscuros, donde la incorporación de líneas doradas en los perfiles a la manera de destellos luminosos marcan el horizonte de topografías idealizadas y favorecen la impresión de gradaciones que nos traen al recuerdo la imagen de planchas herrumbrosas. Quizás sea en estas obras donde la depuración alcance su máximo exponente al suprimir todos aquellos aspectos retóricos o superfluos para recrear una sintaxis que ya le es propia.

    No creemos equivocarnos si afirmamos que a la vista de esta espléndida muestra la impresión suscitada es la de un testimonio de cómo María Belén Morales se encuentra en un momento de plenitud, propio de una artista de talento cuyo esfuerzo se ve coronado por la consecución de la madurez creativa.

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