María Belén Morales - Mª del Carmen Fraga González
  

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maría belén morales

  • Mª del Carmen Fraga González

    "Estética de las formas puras"

    (En el catálogo María Belén Morales, editado por Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Real Academia de Bellas Artes y Círculo de Bellas Artes, con motivo de su exposición de ingreso como miembro de número en la Real Academia de Bellas Artes, celebrada en el Círculo de Bellas Artes, 1998).

    Con esta exposición María Belén Morales cumple el protocolo establecido al acceder a la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel. Ahora bien, con estas páginas no pretendemos loar sus méritos cual yugo ineludible del compromiso institucional, pues ella misma con el prestigio adquirido rompe las ataduras del formulismo.

    FORTALEZA y LIGEREZA

    Estamos ante la obra de una escultora en la que se percibe la nobleza de las formas puras. Traspone la reciedumbre férrica de los materiales hacia un etéreo cielo al que se dirigen los estilizados vértices de las superficies angulares, en tenaz búsqueda de una belleza emanada de las propias líneas. Ya se descubría ese anhelo cuando presentó en 1986 sus Esculturas atlánticas, en una muestra individual organizada tanto en el Círculo de Bellas Artes, en Santa Cruz de Tenerife, como en la Sala del Gobierno de Canarias en Las Palmas de Gran Canaria. En esas realizaciones la finura de las líneas prevalece sobre el rigor del hierro lacado, de modo que las afiladas puntas dan la impresión de perforar el podio a la vez que cruzar la atmósfera circundante, pudiendo imaginarse que nos hallamos ante el perfil extratemporal de los pináculos de una catedral gótica.

    En Punto y línea sobre el plano, Vasili Kandinsky definió aquélla como producto del movimiento, al destruirse el reposo total del punto, de modo que el dinamismo prevalece siempre en su traza, diferenciándose tres tipos de recta, entendida ésta como la forma más limpia de la infinita posibilidad de movimiento: la horizontal, que es la más fría, la vertical, la más cálida, y la diagonal, la más templada; las líneas a su vez pueden generar planos. Se capta bien el sentido de esos términos en las esculturas de María Belén Morales, que trabaja estéticamente con planos y líneas para obtener el volumen, de manera que esa conexión con el movimiento explica perfectamente la instalación de murales suyos en el Salón VIPS del Aeropuerto Internacional Reina Sofía. Son plasmaciones en las que percibe el espectador la belleza, no por la sucesión de recursos ornamentales sino por la nitidez de unas trazas hechas realidad con materiales sólidos.

    Esta académica no ha restringido sus esculturas a las líneas rectas, pues las curvas han tenido en determinadas etapas de su carrera un cierto protagonismo y para demostrarlo basta citar su Mujer con gánigo, presentada en el Museo Municipal de Bellas Artes de la capital tinerfeña en 1963, año en el que el grupo Nuestro Arte, del que fue cofundadora, inicia allí sus muestras colectivas. Sin embargo, treinta años más tarde las esculturas aportadas a su exposición individual en la Galería de Arte Viana, en Córdoba, mostraban el dominio de las líneas rectas, logrando efectos de gran belleza en las tituladas Albero y Basáltica //. En cualquier caso, entre ambas muestras el hilo conductor de su autoría es la pureza de esos perfiles en sus rectas o curvas, más allá de lo meramente ornamental.

    Así pues, no es absurdo loar en la obra de María Belén Morales su capacidad para expresar la grandeza del arte mediante una geometría flexible, pues la firmeza de los materiales y la pureza de las líneas no buscan la intransigencia de atrapar las formas sino de intuir la belleza que ellas encierran, yuxtaponiendo inteligencia y estética. Esto se comprueba al detenerse ante sus murales, caso de la Gran Semilla en el Banco Exterior de España, o sus esculturas, como El Mar en la Delegación de Hacienda, ambos en la capital tinerfeña. Naturaleza y espíritu embargan sus creaciones.

    RACIOCINIO y SENSIBILIDAD

    Hemos elegido a conciencia esos dos términos para aplicarlos a la obra de esta académica, porque admiramos en ella esa dicotomía del procedimiento técnico y la sensibilidad artística, bien coordinados. Se tiende a pensar que el científico es atenazado por el rigor de las demostraciones y no tiene valoración estética, en tanto que el artista está abocado a una hipersensibilidad ajena a la realidad científica. Sin embargo, ello no es un principio inflexible y María Belén Morales sabe recusarlo.

    Al contemplar un templo de la Grecia clásica, la portada de esbeltas columnas y el frontón con extraordinarias tallas escultóricas incitan al elogioso comentario de su belleza formal. Pero esa cultura helena, que ha servido de modelo a la Humanidad durante siglos, no sólo se expresó con las manifestaciones artísticas o literarias, sino también con enunciados como los de Pitágoras, filósofo y matemático cuya geometría ha sido el arquetipo de los sistemas deductivos. Ante la visión de la arquitectura clásica podemos imaginar que las líneas triangulares de esos frontones servirían de acicate para indagar y comprobar las proporciones establecidas en el famoso teorema que lleva el nombre de ese pensador, pues, si analizamos los elementos de variada procedencia que van dejan- do huella en cualquier civilización o cultura, observamos que a menudo se coligan filosofía, arte y geometría.

    Ello acontecía hace más de veinte siglos, pero su ejemplo se reitera en otras épocas y no sólo en la arquitectura, sino también en las realizaciones plásticas. Basta con acercarnos al Renacimiento y observar la personalidad del gran pintor Leonardo da Vinci, cuya maestría artística no impidió que dedicara estudios a la geometría, la cosmografía, la música y la gramática. Por algunos autores se le ha querido ver como un Galileo adelantado, mas también se piensa que el método analógico fue sencillamente el aplicado en sus indagaciones de la Naturaleza. En su célebre Tratado de la pintura incorpora una sección de «Perspectiva lineal», «Seis libros sobre la luz y la sombra», «Proporciones y movimientos del cuerpo humano», «Botánica para pintores y otros elementos de paisaje»..., además de una serie de dibujos geométricos, que indican bien claramente la estrecha conexión de una mente racionalista y una sensibilidad artística.

    Ya en época contemporánea, de un brillante Premio Nobel de Física como Albert Einstein se ha destacado su afición a tocar el violín y su gran predilección por las composiciones de Mozart y Bach. En 1930 declaraba al periodista G. S. Viereck: «Si no fuese físico sería probablemente músico. A menudo pienso en música. Vivo mis ensoñaciones en forma de música, Veo mi vida en términos de música». Indudablemente ésta, al igual que las artes plásticas, no está reñida con el mundo científico, en su expresión matemática, física... No son antagónicas y el artista puede extraer de la pureza matemática su hálito creador.

    Para plasmar en las tres dimensiones sus esculturas María Belén Morales ha sabido sensibilizar su inteligencia, no desdeñando tampoco la técnica en la percepción de las formas. Utiliza, pues, materiales que el arte contemporáneo asume con gran libertad. Ha recurrido a la madera en sus primeras obras, luego ha empleado asimismo la piedra artificial, el cobre y el aluminio, este último en piezas de mediano y pequeño formato, como la denominada Formas de silencio, presente en la muestra itinerante de Arte Canario Contemporáneo organizada en 1976. Además ha trabajado el acero cortén, con el que realizó el gran conjunto alzado en el Parque de La Granja, en Santa Cruz de Tenerife, donde su ficticia ligereza da un aire volátil al monumento precisamente dedicado al gran estudioso de la Naturaleza que fue Félix Rodríguez de la Fuente. Últimamente la artista parece decantarse por el hierro, oxidado o lacado.

    No ha olvidado otros materiales o técnicas. En sus collages sobre cartulina y arpillera también aflora su capacidad mental y manual para ensamblar superficies, cuya textura se capta como si interviniera el sentido táctil más que el visual y donde manifiesta una notable intuición formal, en la que el color no desaparece bajo la férula de la línea. Uno de ellos, fechado en 1986, cuelga en el Rectorado de la Universidad de La Laguna, sobresaliendo el azul y el negro de su combinación cromática. A su antedicha muestra individual de 1993, patrocinada por la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba, llevó el denominado Bisagras y es muy significativo ese epígrafe, ya que María Belén Morales sabe compaginar superficies curvas o rectas por medio de intuidas líneas que facilitan el presunto movimiento giratorio. Incorporó otro con el título Óxidos, nombre que también recibía una monumental escultura de hierro oxidado. Ambas obras diferían en técnica y formato, cual boceto y obra definitiva, pero quedaban ligadas más estrechamente por la manera de concebir unas formas con la pureza del geómetra y la experiencia del tracista.

    Fortaleza y ligereza, raciocinio y sensibilidad son pares de conceptos que sirven para aludir al conjunto plural de elementos movidos por el ansia de expresarse a la búsqueda de unos ideales estéticos, que va forjando y emparejando la Humanidad al compás del paso del tiempo, en una historia que se prolonga indefinidamente. María Belén Morales no es ajena al fluir de la vida diaria y sabe comprometerse con el transcurrir social de su época, pero es también una escultora cuyas realizaciones artísticas dan la imagen de una mujer que responderá con sentimiento e inteligencia a los ideales que entraña su nombramiento como Miembro de Número en el seno de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel. Las palabras, por consiguiente, no han de ser mera fórmula sino la expresión real de acogida a una personalidad brillante, cuya humanidad atesora su buen hacer.

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