María Belén Morales - Pedro González
  

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maría belén morales

  • Pedro González
    Pintor. Presidente de la Real Academia Canaria de Bellas Artes

    "El activismo estético de María Belén Morales"

    (En el catálogo María Belén Morales, editado por Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Real Academia de Bellas Artes y Círculo de Bellas Artes, con motivo de su exposición de ingreso como miembro de número en la Real Academia de Bellas Artes, celebrada en el Círculo de Bellas Artes, 1998).

    Con la memoria repleta de todas las referencias históricas de la escultura y el conocimiento profundo de los estilos tradicionales, María Belén Morales trabaja libremente, con las manos metidas en el espacio y la materia para rescatar una obra plena de vigor, clasicismo y modernidad.

    El abstracto, como corriente vanguardista del arte, irrumpe en la década de los sesenta en Canarias. Los contenidos estéticos van a quedar al descubierto y el argumento expresivo prescinde por primera vez de la anécdota. El localismo había que trascenderlo con vocación universalista para que no quedara en simple paisanaje.

    María Belén sabe que la contemporaneidad no sólo es cuestión de almanaque sino que reside fundamentalmente en la actitud del artista. El tiempo del arte está en manos del escultor en las horas de taller, entre los yesos, los hierros y el barro mientras levanta sus estructuras como un activista, subversivo, rebelde, vigilante siempre en la orilla más avanzada de su época.

    Hablamos de la presencia de un mundo poderoso y ordenado de volúmenes llenos y vacíos, de vectores que acotan el universo, de formas que marcan parcelas concretas, de dimensiones que miden exactamente su presencia en el espacio infinito. Un mundo, un vasto territorio creacional de sorprendentes hallazgos que van a definir para María Belén un concepto actual de la escultura.

    El referente naturalista, iconográfico, la estatuaria tradicional deja de ser el compromiso obligado, y el contenido de la escultura se desgaja por tanto del verismo figurativo para ejercer su función a través de una representación distinta. Una nueva realidad estética hace su aparición donde la comunicación artística es capaz de aflorar. La comparecencia de unos elementos que transforma o distribuye adecuadamente el artista desde el centro mismo de su sensibilidad plantea nuevos presupuestos estéticos. El esmero con que maneja todos los elementos que componen su obra, la escogida elección del material, el riguroso diseño de las formas parecen responder más a la necesidad de conseguir una claridad conceptual, a una ajustada dicción expresiva determinada, que a la simple preocupación por la limpieza superficial del detalle o el acabado gratuito de la pieza.

    Una conciencia previa del conjunto, un pensamiento concreto, una idea, en definitiva, obliga a María Belén a la búsqueda o al encuentro de todos esos fundamentos escultóricos. Componentes que se distribuyen adecuadamente en una exacta y ajustada concepción de su función, como las partes que se integran en la obra con la misma fluidez y naturalidad que poseen los miembros de un organismo vivo.

    Hay, por tanto, una clara intencionalidad expresiva en toda la obra, que le da esa coherencia que confiere sólo la autenticidad. El color, últimamente, baña sus formas geométricas con cierto lirismo, como si el romanticismo de las pátinas que suele poner la intemperie en la superficie de las cosas adulterara el limpio diseño del conjunto y la fuerza del carácter global de la pieza.

    Y el aire que circula por los caminos abiertos, que se detiene tenso en la arista de una geometría sólida o se acuna sosegado en la oquedad de las masas, es también la atmósfera que respira la artista en su estudio, situado sobre las costas de Guayonge, en buena vecindad con la casa donde vivió Óscar Domínguez.

    Estamos seguros de que la mirada que María Belén extiende por el Atlántico desde la ventana de su casa, alguna mañana clara de Tacoronte, es la misma que descubre en la totalidad de los estilos un horizonte común, esa esquina pronunciada por donde el creador se asoma curioso, esa trinchera de rebeldía, innovación y cambio que fortalece su vocación creadora y que la anima con la misma convicción que pudo haber tenido un Cellini o un Julio González.

    Estuvimos juntos en los tiempos difíciles. El régimen pesaba como una losa insalvable sobre todas las libertades. Y un acto creador sin conocer de primera mano los movimientos estéticos que se producían en el mundo exterior, alejados de la mínima información plástica, quedaba como frustrado desde su origen. Y abrirse, producirse en libertad, en una situación política de clausura era naturalmente, como mínimo, sospechoso.

    En aquellos momentos oscuros, un grupo de intelectuales y artistas, entre los que estaba María Belén, se revolvían inquietos tratando de definirse como generación. Se gestaba entonces el grupo Nuestro Arte como réplica a la mirada artística embelesada, historicista, conservadora, inmovilista que predominaba entonces.

    Naturalmente, somos perfectamente conscientes de que estas palabras no van a sumar nada al amplio conocimiento que se tiene de la espléndida trayectoria de María Belén Morales. Pero estamos encantados de acompañarla de nuevo, de estar junto a la amiga y admirada escultora cuando entra como Miembro de Número en la Real Academia Canaria de Bellas Artes.

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